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  • 9
    Jan
    2018

    ¿Qué es y cómo afecta el glaucoma?

    Desde nuestra Unidad de Oftalmología nos acercan, a través de este artículo, a una de las patologías que pueden conllevar la ceguera si no se trata a tiempo: el glaucoma.

    ¿Qué es el glaucoma?

    El glaucoma es una enfermedad ocular que afecta al nervio óptico y está caracterizada por una elevación de la presión intraocular  hasta unos niveles que ocasiona un daño irreversible en sus fibras nerviosas.

    El glaucoma afecta a más de un 3% de la población y es, juntamente con la diabetes, la principal causa evitable de ceguera en nuestro país. Afecta principalmente a personas de más de 40 años, siendo más frecuente en caso de existir antecedentes familiares, miopía importante, diabetes o si se sigue tratamiento con cortisona.

    ¿Cómo se manifiesta el glaucoma?

    El glaucoma crónico, que es el tipo más frecuente de glaucoma, no causa síntomas al principio, pero con el paso del tiempo, con la lesión gradual del nervio óptico, va produciéndose una pérdida progresiva del campo visual. En esta situación se pueden ver los objetos que hay delante pero no los que se tienen a los lados o los que se miran de reojo. Con la progresión de la enfermedad, si no se trata adecuadamente, irremediablemente habrá una pérdida parcial o total de la visión.

    En el caso del glaucoma agudo, una forma más rara pero menos grave de glaucoma, además de un daño considerable para el ojo, pueden aparecer otros síntomas como enrojecimiento  ocular, visión borrosa, dolor de cabeza, visión de halos alrededor de las luces, vómitos i náuseas. Esta forma de glaucoma representa una urgencia oftalmológica que a menudo requiere de tratamiento quirúrgico o con láser.

    Diagnóstico del glaucoma

    Es muy importante el diagnóstico precoz de esta enfermedad para evitar la pérdida irreversible de la visión. Aunque tradicionalmente se le ha dado una gran importancia a la presión intraocular en el diagnóstico del glaucoma y la mayoría de los casos se acompaña de un aumento de esta presión, no se ha de olvidar que en muchas ocasiones el glaucoma puede darse sin que haya aumentado la presión, pero el nervio óptico no pueda soportarlo. Este tipo de glaucoma se llama “glaucoma de baja presión” y el diagnóstico del mismo puede pasar por alto si solo se tiene en cuenta la medición de la presión intraocular.

    Por eso es muy importante realizar una revisión oftalmológica que incluya las siguientes pruebas:

    Agudeza visual

    Tonometría o medida de la presión intraocular

    Oftalmoscopia o revisión del fondo del ojo, estudiando las características de la papila del nervio óptico y de la capa de fibras nerviosas.

    Campimetría o examen del campo visual, prueba que sirve para estudiar la visión lateral y periférica ya que su pérdida puede ser una señal de glaucoma.

    Otras pruebas complementarias que pueden ayudar a establecer un correcto diagnóstico son la paquimetría (mide el grueso de la cornea) y la tomografía de coherencia óptica (OCT) para estudiar la pérdida de fibras nerviosas de la retina como consecuencia del glaucoma.

    ¿Cómo se trata el glaucoma?

    El mejor tratamiento del glaucoma es llegar a hacer un diagnóstico lo más precozmente posible para evitar la lesión irreversible del nervio óptico. Por eso hemos de estudiar y tratar todas aquellas situaciones en que la presión intraocular esté elevada y/o el nervio óptico comience a manifestar signos de lesión.

    Actualmente disponemos de diversos tipos de tratamiento, todos ellos dirigidos a bajar la presión del ojo con el objetivo de conseguir mejorar la irrigación sanguínea del nervio óptico.

    La manera más frecuente de tratar el glaucoma consiste en la aplicación de colirios administrados generalmente una o dos veces al día. Estos medicamentos actúan, en general, disminuyendo la producción de humor acuoso (el líquido que tenemos en la parte anterior del ojo), o bien facilitando su salida. Si el tratamiento se realiza de manera correcta, en la mayoría de los casos se consigue frenar la evolución de la enfermedad.

    Si con el tratamiento farmacológico no se controla la presión intraarticular, suele ser necesario recurrir a la cirugía. Actualmente, disponemos de diversas técnicas que se pueden aplicar según la evolución y el tipo de glaucoma. Entre los tratamientos no invasivos y ambulatorios tenemos la trabeculoplastia con láser de Argón, técnica recomendada para algunos casos de glaucoma crónico de ángulo abierto.

    Cómo técnicas quirúrgicas invasivas, aplicables a casos más avanzados, disponemos de la trabeculectomía y la esclerotomía profunda no perforante. Ambas técnicas reducen la presión intraocular gracias a la creación de vías alternativas de escape controlado de humor acuoso. En algunos casos especiales de glaucoma es necesaria la implantación de una válvula de drenaje artificial. En general este tipo de cirugía se realiza con anestesia local y no requiere de ingreso.

    No obstante todas estas intervenciones no permiten la recuperación de la visión perdida aunque sí que pueden salvar la visión que queda y prevenir su pérdida. Se ha de tener en cuenta que el hecho de que se realice una intervención, no siempre supone que pueda dejarse el tratamiento farmacológico.

    El glaucoma agudo es una urgencia y necesita tratamiento inmediato porque puede producir la ceguera del ojo afectado en 24-48 horas. El tratamiento es quirúrgico y consiste en practicar una iridotomía o perforación en el iris con láser de Nd YAG porque el humor acuoso pueda circular.

    En general, en el glaucoma las posibilidades de tratamiento eficaz son mayores cuanto más rápido sea el diagnóstico de la enfermedad. Como es inicialmente asintomática, es muy importante que se realicen controles anuales en el servicio de oftalmología. Sobre todo a partir de los 40 años y si existen antecedentes familiares, miopía, diabetes, hipertensión arterial o alteraciones cardiovasculares.

    creublanca

    www.creu-blanca.es