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  • 9
    Jan
    2018

    Infecciones respiratorias de invierno

    El Dr. Roig, especialista en neumología, nos habla de las infecciones más recurrentes en el invierno.

    Las nuevas técnicas de diagnóstico mediante PCR en secreciones respiratorias han permitido que sepamos ya de forma clara la relevancia de las  infecciones respiratorias invernales causadas por diversos virus respiratorios y por la bacteria causante de la tosferina. Su coste económico elevado, no obstante, limita su uso generalizado como método de diagnóstico.

    La infección respiratoria más frecuente en periodo invernal es la vírica. Entre  los diversos virus causantes destaca el virus de la gripe en sus diversas variantes, entre la cuales la gripe A ha adquirido mayor relevancia mediática en los últimos años por los diversos brotes epidémicos sufridos. Es importante destacar el papel de la necesidad de una vacunación antigripal anual sistemática en todo el personal, no sólo sanitario, que trabaja en clínicas y consultas médicas como las de nuestra institución, Creu Blanca. La razón no es solo preservar nuestra salud, motivo por sí mismo suficientemente importante, sino también evitar perjuicios laborales a nuestros compañeros y a la propia institución al requerir una baja laboral de varios días que es prácticamente obligada en todos los casos de infección real por el virus de la gripe. Todavía más importante desde un punto de vista ético es recordar que tenemos la obligación moral de evitar la propagación de enfermedades infecciosas potencialmente peligrosas a los usuarios de nuestras consultas y pacientes ingresados en clínica. Muchos de nuestros pacientes, a los cuales nos debemos, están afectos de enfermedades que diminuyen la inmunidad como diabetes, tumores, etc o bien siguen algún tratamiento de base con efecto inmunodepresor como la quimioterapia o derivados de cortisona. No es justo que al acudir a nuestra institución seamos los responsables de inducir una infección eventualmente severa en sus circunstancias! La leyenda urbana de que la vacunación antigripal facilita otras infecciones respiratorias durante el invierno carece de toda base científica y es tan falsa como absurda.

    Es destacable el papel cada vez más importante de la bacteria causante de la tosferina, la denominada  Bordetella pertussis. Su incidencia ha ido, año tras año,  progresivamente en aumento en nuestro medio. Su identificación es especialmente relevante en el caso de pacientes en contacto familiar o profesional con lactantes ya que la tosferina en estos últimos puede ser incluso mortal.  Asimismo, al igual que ocurre también con el virus de la gripe, es muy importante priorizar su vacunación en la mujer embarazada por las especiales repercusiones que estas enfermedades infecciosas respiratorias tienen en este contexto.

    Respecto a las infecciones respiratorias causadas por bacterias es obligado subrayar el papel del neumococo, bacteria responsable de la mayoría de neumonías y entre ellas, juntamente con la Legionella, de aquellas formas más graves. Cuando se sospecha una infección por neumococo hay que tener en cuenta dos factores claves para un tratamiento eficaz:  la necesidad  de ser rápidos en el inicio de la terapia  y la elección de un antibiótico efectivo dada la alta prevalencia de cepas  de neumococo resistentes a diversos antibióticos. Si se contempla la opción de Legionella cabe recordar que al tratarse de un germen de acción intracelular, aquellos antibióticos que actúan sobra la pared celular, como amoxicilina u otros betalactamidos, no serán efectivos.

    Nuevamente hay que enfatizar la prevención de neumonía por neumococo, hoy día asumible de forma fácil y segura mediante la vacunación antineumocóccica. La forma más eficaz es la vacunación conjugada denominada Prevenar 13 que otorga un nivel de anticuerpos protectores mucho más elevado, duradero y de mejor actividad cualitativa que la antigua vacunación polisacárida Pneumovax23. De hecho la población infantil ya recibe de forma rutinaria las dosis correspondientes  a esta vacunación y su recomendación en población adulta cada vez presenta una lista mayor de indicaciones en las cuales es aconsejable. De hecho, en algunos países avanzados europeos con sistemas sanitarios ágiles y efectivos, como es el caso de Holanda,  se recomienda ya esta vacunación sistemática en toda la población adulta, con la ventaja de que una única dosis otorga ya una protección eficaz contra las formas más peligrosas de infección por neumococo prácticamente de por vida.

    creublanca

    9
    Jan
    2018

    ¿Qué es y cómo afecta el glaucoma?

    Desde nuestra Unidad de Oftalmología nos acercan, a través de este artículo, a una de las patologías que pueden conllevar la ceguera si no se trata a tiempo: el glaucoma.

    ¿Qué es el glaucoma?

    El glaucoma es una enfermedad ocular que afecta al nervio óptico y está caracterizada por una elevación de la presión intraocular  hasta unos niveles que ocasiona un daño irreversible en sus fibras nerviosas.

    El glaucoma afecta a más de un 3% de la población y es, juntamente con la diabetes, la principal causa evitable de ceguera en nuestro país. Afecta principalmente a personas de más de 40 años, siendo más frecuente en caso de existir antecedentes familiares, miopía importante, diabetes o si se sigue tratamiento con cortisona.

    ¿Cómo se manifiesta el glaucoma?

    El glaucoma crónico, que es el tipo más frecuente de glaucoma, no causa síntomas al principio, pero con el paso del tiempo, con la lesión gradual del nervio óptico, va produciéndose una pérdida progresiva del campo visual. En esta situación se pueden ver los objetos que hay delante pero no los que se tienen a los lados o los que se miran de reojo. Con la progresión de la enfermedad, si no se trata adecuadamente, irremediablemente habrá una pérdida parcial o total de la visión.

    En el caso del glaucoma agudo, una forma más rara pero menos grave de glaucoma, además de un daño considerable para el ojo, pueden aparecer otros síntomas como enrojecimiento  ocular, visión borrosa, dolor de cabeza, visión de halos alrededor de las luces, vómitos i náuseas. Esta forma de glaucoma representa una urgencia oftalmológica que a menudo requiere de tratamiento quirúrgico o con láser.

    Diagnóstico del glaucoma

    Es muy importante el diagnóstico precoz de esta enfermedad para evitar la pérdida irreversible de la visión. Aunque tradicionalmente se le ha dado una gran importancia a la presión intraocular en el diagnóstico del glaucoma y la mayoría de los casos se acompaña de un aumento de esta presión, no se ha de olvidar que en muchas ocasiones el glaucoma puede darse sin que haya aumentado la presión, pero el nervio óptico no pueda soportarlo. Este tipo de glaucoma se llama “glaucoma de baja presión” y el diagnóstico del mismo puede pasar por alto si solo se tiene en cuenta la medición de la presión intraocular.

    Por eso es muy importante realizar una revisión oftalmológica que incluya las siguientes pruebas:

    Agudeza visual

    Tonometría o medida de la presión intraocular

    Oftalmoscopia o revisión del fondo del ojo, estudiando las características de la papila del nervio óptico y de la capa de fibras nerviosas.

    Campimetría o examen del campo visual, prueba que sirve para estudiar la visión lateral y periférica ya que su pérdida puede ser una señal de glaucoma.

    Otras pruebas complementarias que pueden ayudar a establecer un correcto diagnóstico son la paquimetría (mide el grueso de la cornea) y la tomografía de coherencia óptica (OCT) para estudiar la pérdida de fibras nerviosas de la retina como consecuencia del glaucoma.

    ¿Cómo se trata el glaucoma?

    El mejor tratamiento del glaucoma es llegar a hacer un diagnóstico lo más precozmente posible para evitar la lesión irreversible del nervio óptico. Por eso hemos de estudiar y tratar todas aquellas situaciones en que la presión intraocular esté elevada y/o el nervio óptico comience a manifestar signos de lesión.

    Actualmente disponemos de diversos tipos de tratamiento, todos ellos dirigidos a bajar la presión del ojo con el objetivo de conseguir mejorar la irrigación sanguínea del nervio óptico.

    La manera más frecuente de tratar el glaucoma consiste en la aplicación de colirios administrados generalmente una o dos veces al día. Estos medicamentos actúan, en general, disminuyendo la producción de humor acuoso (el líquido que tenemos en la parte anterior del ojo), o bien facilitando su salida. Si el tratamiento se realiza de manera correcta, en la mayoría de los casos se consigue frenar la evolución de la enfermedad.

    Si con el tratamiento farmacológico no se controla la presión intraarticular, suele ser necesario recurrir a la cirugía. Actualmente, disponemos de diversas técnicas que se pueden aplicar según la evolución y el tipo de glaucoma. Entre los tratamientos no invasivos y ambulatorios tenemos la trabeculoplastia con láser de Argón, técnica recomendada para algunos casos de glaucoma crónico de ángulo abierto.

    Cómo técnicas quirúrgicas invasivas, aplicables a casos más avanzados, disponemos de la trabeculectomía y la esclerotomía profunda no perforante. Ambas técnicas reducen la presión intraocular gracias a la creación de vías alternativas de escape controlado de humor acuoso. En algunos casos especiales de glaucoma es necesaria la implantación de una válvula de drenaje artificial. En general este tipo de cirugía se realiza con anestesia local y no requiere de ingreso.

    No obstante todas estas intervenciones no permiten la recuperación de la visión perdida aunque sí que pueden salvar la visión que queda y prevenir su pérdida. Se ha de tener en cuenta que el hecho de que se realice una intervención, no siempre supone que pueda dejarse el tratamiento farmacológico.

    El glaucoma agudo es una urgencia y necesita tratamiento inmediato porque puede producir la ceguera del ojo afectado en 24-48 horas. El tratamiento es quirúrgico y consiste en practicar una iridotomía o perforación en el iris con láser de Nd YAG porque el humor acuoso pueda circular.

    En general, en el glaucoma las posibilidades de tratamiento eficaz son mayores cuanto más rápido sea el diagnóstico de la enfermedad. Como es inicialmente asintomática, es muy importante que se realicen controles anuales en el servicio de oftalmología. Sobre todo a partir de los 40 años y si existen antecedentes familiares, miopía, diabetes, hipertensión arterial o alteraciones cardiovasculares.

    creublanca

    9
    Jan
    2018

    Consejos de nuestro nutricionista para perder los kilos ganados en Navidad

    Se han acabado las vacaciones de Navidad y como cada año nos proponemos nuevos retos, entre otros, bajar peso, como mínimo, el que hemos ganado durante las fiestas.

    Desde el Departamento de Nutrición de Creu Blanca, nuestro especialista Xavier González,  quiere ayudaros a conseguir este reto a través de una serie de consejos. Un profesional de la salud y la nutrición os podrán ayudar de una manera más eficiente y eficaz, pero estas pautas son un buen comienzo para conseguir lo propuesto.

    Para comenzar, hemos de saber prepararnos para tirar adelante un reto como este. Pero, ¿qué quiere decir saberse preparar? Simplemente se trata de la manera en que nos planteamos el “reto”. Se trata de no pensar que haremos la dieta y que tendremos que dejar de comer todo lo que nos gusta. Evidentemente ciertos alimentos se tendrán que reducir (incluso eliminar), pero siempre se ha de tener un pensamiento a largo plazo, es decir, potenciar la generación de unos hábitos que no sirvan para la pérdida de esos 2-3-5-10 kilos, sino que sean una herramienta para aprender a comer, dándole al cuerpo variación y diversidad de alimentos.

    Una vez nos hemos planteado bien el qué y cómo queremos hacerlo, se han de fijar las bases. La primera y fundamental es saberse organizar el día. Es básico no pasar hambre durante la época en la que queremos perder el peso, ya que si esto pasa, no generamos un hábito, y cuando queramos saciarla será peor que si la hubiéramos controlado día a día.

     

     

    ¿Cómo gestionamos el hambre?

    Es importante intentar hacer pequeñas comidas y controladas cada tres horas, por tanto, en función de nuestros horarios de trabajo y de nuestro día a día, hemos de intentar comer entre 4 y 5 veces. Entre horas hemos de intentar evitar todos aquellos alimentos que son más grasos; la bollería industrial y azúcares; refrescos; zumos preparados y envasados; productos con chocolates; fritos; embutidos más grasos como el chorizo, la sobrasada o los quesos curados y secos…

    Por tanto,

    • Un desayuno completo ha de tener repartido durante la mañana (desde que nos levantamos hasta la hora de comer): una pieza de fruta (o zumo natural), una pequeña parte energética (en función de las necesidades de cada uno) de pan o cereales, y una dosis de calcio en forma de leche/yogur (mejor desnatada o semi), frutos secos i/o bebidas vegetales enriquecidas con calcio.
    • En cuanto los almuerzos y cenas, hay cocciones que favorecen la pérdida de peso y eliminación de las grasas. Hablamos de hervidos, vapores, microondas, planchas, woks u horno. Cocciones donde no se utiliza aceite o se utiliza muy poco, por tanto, reducción máxima de fritos, guisados, sofritos, rebozados…

    ¿Qué alimentos hemos de potenciar?

    Hemos de buscar aquellos alimentos que nos proporcionen un mínimo de energía para mantener activas todas las funciones de nuestro cuerpo. Aquellos alimentos que nos darán la energía necesaria serán la patata, las legumbres, el arroz, la pasta… Serán necesarios y útiles para el mediodía, pero no tanto para la noche, cuando se tendrán que evitar juntamente con el pan y la fruta.

    También ha de haber una parte importante de vitaminas, en forma de verduras y ensaladas, tanto para comer como para cenar, aunque por la noche, por cuestiones digestivas, es mejor potenciar las cremas y las verduras antes que las ensaladas.

    Por último, hemos de proteger el músculo, ya que si lo desgastamos, acabamos perdiendo capacidad para quemar, y si la perdemos, querrá decir que nuestro cuerpo necesitará cada vez menos comer. Si no asumimos unos buenos hábitos alimenticios, cuando reemprendamos nuestra alimentación habitual, cogeremos el doble de peso. Por tanto se ha de proteger con proteínas con poca grasa: proteínas magras como el pollo, el conejo, el pavo…; embutidos magros como el jamón dulce/salado, pavo, quesos frescos o bajos en grasa); pescado tanto azul como blanco como el salmón, el atún, la merluza, dorada, lenguado, rape…

    Todo lo comentado de las comidas y cenas será útil siempre que se eviten las salsas y mostazas, el uso excesivo de aceite, olivas o sal, y el tipo de cocción. En cambio nos ayudará potenciar aquellos alimentos que favorezcan la eliminación de grasas como los alimentos diuréticos (alcachofas, bróquil, espárragos…), frutos secos, productos integrales y, sobretodo, una buena hidratación. Beber agua durante el día es muy importante. Ayuda a hacer más fluidas las funciones y los mecanismos de nuestro cuerpo (hablamos de 1 litro y medio/2 litros que son unos 8 vasos a lo largo del día incluyendo infusiones, té, zumos naturales, caldos, cremas…)

    Con todos estos consejos podemos generar unos buenos hábitos alimenticios que facilitarán la pérdida de peso. También es verdad que aunque se pongan en marcha y no se acompañe de actividad física, será más complicado.

    Se han de tener en cuenta que estas recomendaciones son muy genéricas y que no son útiles para todos debido a los horarios de trabajo o a algún problema en las analíticas, intolerancias, problemas digestivos, alergias, problemas cardiovasculares o incluso para personas que hacen deporte habitualmente, ya que las demandas pueden variar mucho dependiendo de cada persona. Por eso es importante seguir estas pautas acompañado de un nutricionista que sepa valorar las necesidades de forma precisa para evitar déficits nutricionales, sensaciones o resultados negativos.

    creublanca