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  • 9
    May
    2017

    ¿Tienes dolor de espalda?

    La Dra. M. Victoria Hernández, reumatóloga, nos explica en este blog las diferentes tipologías de “dolor de espalda” que existen, atendiendo a los dolores que refieren los pacientes.

    ¿Cuántos de nosotros o de nuestros familiares, amigos o conocidos no han padecido “dolor de espalda” o lumbalgia? Se calcula que aproximadamente un 85% de la población ha tenido, o tendrá en algún momento, “dolor de espalda”. Es, por tanto, una de las patologías más prevalentes y uno de los motivos más frecuentes de consulta médica.

    ¿Cuáles son las causas del “dolor de espalda”?

    Las causas del “dolor de espalda” son diversas. Para intentar diferenciarlas las clasificaremos en lumbalgia mecánica y lumbalgia inflamatoria, atendiendo a las diferentes características del dolor.

    La lumbalgia mecánica

    La lumbalgia mecánica se caracteriza por un dolor en la parte baja de la espalda que se agudiza con el ejercicio o movimientos, y mejora con el reposo. A menudo puede venir acompañado de contractura muscular. Aunque la intensidad del dolor puede ser elevada, muchas veces las causas no son graves.

    En alguna ocasión, podemos encontrar algún factor como una alteración estructural de la espalda, por ejemplo, una escoliosis o hiperlodosis lumbar que predispone a su aparición; o alteraciones de la estática, como una dismetría pélvica, pero a menudo se debe a una sobrecarga funcional o postural de los elementos de la columna vertebral (vértebras, discos intervertebrales, ligamentos y musculatura) y no es infrecuente el antecedente de haber realizado un sobreesfuerzo, por ejemplo, levantamiento de peso.

    En la mayoría de los casos el dolor cede espontáneamente en el curso de 3-4 días, pero la utilización de fármacos antiinflamatorios o analgésicos puede ayudar a disminuir los síntomas. Una vez superado el cuadro de dolor se aconseja la realización de fisioterapia para disminuir el riesgo de un nuevo episodio, juntamente con recomendaciones de higiene postural.

    La lumbalgia inflamatoria

    La lumbalgia inflamatoria es menos frecuente que la lumbalgia mecánica, pero generalmente nos avisa de la existencia de una enfermedad subyacente. En este caso el dolor acostumbra a ser de mucha intensidad, no mejora con el reposo y frecuentemente se acompaña de limitación de la movilidad.

    Es necesario la realización de una historia clínica minuciosa, acompañada, la mayoría de veces, de exploraciones complementarias para poder realizar un diagnóstico precoz. Las causas pueden ser muy diversas como infección (discitis), fractura vertebral o enfermedad reumática inflamatoria (espondilitis).

    Con mucha menos frecuencia, la lumbalgia inflamatoria puede ser el síntoma de la existencia de un tumor, bien primario, o más frecuentemente, metastásico de otro origen. El antecedente de una caída, la presencia de fiebre o el diagnóstico previo de un tumor pueden orientar a alcanzar el diagnóstico.

    En menor frecuencia también puede ser el síntoma de una enfermedad de otro órgano, es decir, se comporta como un dolor referido, como puede ser el caso de un aneurismo de aorta abdominal.

    El reumatólogo es el especialista que hará el diagnóstico diferencial entre todos estos procesos, necesitando para ello, una analítica y radiografías, o pruebas más complejas como la resonancia o el escáner.

    La espondilitis

    Mención aparte merece la espondilitis. Es un tipo de enfermedad reumática que se caracteriza por dolor de espalda de tipo inflamatorio pudiendo afectar no sólo a la zona lumbar, sino también a la parte dorsal y cervical, y de forma característica, la región sacroilíaca. Se puede acompañar también de artritis periférica, generalmente afectando a rodillas o tobillos y, en ocasiones, puede haber también entesitis o dactilitis. Generalmente afecta a enfermos menores de 45 años, más frecuentemente a hombres, y se acompaña de rigidez matutina. Además, en ocasiones, puede haber manifestaciones extra-articulares, como es la presencia de uveítis, psoriasis o enfermedad inflamatoria intestinal. A menudo, se encuentran antecedentes familiares y la determinación del antígeno HLA-B27 sérico acostumbra a ser positivo. Una vez realizado el diagnóstico definitivo (espondilitis anquilosante, artritis psoriásica, espondiloartritis asociada a enfermedad inflamatoria intestinal…), es el reumatólogo, en ocasiones en colaboración directa con otros especialistas, el encargado de iniciar el tratamiento apropiado y realizar las visitas periódicas del enfermo con el fin de tener controlada la enfermedad.

     

     

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